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"La alergia a los lácteos y la intolerancia a los lácteos son dos condiciones diferentes que el cuerpo puede tener en respuesta al consumo de lácteos. Ambas pueden causar malestar, pero sus causas, síntomas y tratamientos difieren."

Alergia a los Lácteos

La alergia a los lácteos es una reacción del sistema inmunológico a las proteínas de la leche, como la caseína y el suero de leche. En personas con alergia, el sistema inmunológico identifica erróneamente estas proteínas como dañinas, desencadenando una respuesta inmunitaria que puede variar de leve a grave.

Síntomas: Pueden incluir urticaria, problemas gastrointestinales, dificultades respiratorias, edema (hinchazón) y en casos graves, anaflaxia, una reacción alérgica potencialmente mortal.

Prevención y Tratamiento: La única forma de prevenir una reacción alérgica a los lácteos es evitar completamente los productos que contienen leche y sus proteínas. Para el tratamiento, puede ser necesario llevar consigo un antihistamínico o un autoinyector de epinefrina (por ejemplo, un EpiPen) en caso de reacciones alérgicas.

Intolerancia a los Lácteos

La intolerancia a los lácteos, conocida también como intolerancia a la lactosa, es causada por la deficiencia de la enzima lactasa, necesaria para descomponer la lactosa, el azúcar presente en la leche, en glucosa y galactosa, que pueden ser absorbidos por el intestino.

Síntomas: Los síntomas de la intolerancia a la lactosa incluyen hinchazón, gases, diarrea y dolor abdominal, y tienden a ocurrir de 30 minutos a 2 horas después del consumo de productos lácteos.

Prevención y Tratamiento: Las personas con intolerancia a la lactosa a menudo pueden manejar sus síntomas limitando la cantidad de lactosa en su dieta, utilizando productos sin lactosa o tomando suplementos de lactasa antes de las comidas que contienen lactosa. Además, algunos pueden tolerar mejor los productos fermentados como el yogur y los quesos curados, que contienen menos lactosa.

En la Vida de Todos los Días

1. Leer atentamente las etiquetas de los productos alimentarios para evitar ingredientes no deseados.
2. Explorar alternativas a los lácteos, como bebidas vegetales (almendra, soja, avena) y quesos veganos.
3. Planificar las comidas con anticipación para incluir opciones seguras.
4. Comunicar las propias necesidades alimentarias cuando se come fuera o se participa en eventos sociales.
5. Educarse sobre las condiciones para gestionarlas mejor y explicar sus propias necesidades a los demás.

Recuerda, tanto en caso de alergia como de intolerancia, es importante consultar a un médico o a un alergólogo para un diagnóstico preciso y consejos personalizados sobre la gestión de la condición.

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